Capitán Willy

El heredero de la marea, forjado por generaciones de mar

7/7/20263 min read

Capitan Willy

El heredero de la marea, forjado por generaciones de mar

Willy nació en 1994 en La Paz, en una familia donde el agua no es un pasatiempo: es herencia. Su padre fue capitán privado y pionero del turismo náutico en La Paz desde los años ochenta, de los primeros en llevar visitantes a conocer el paraíso virgen de Espíritu Santo cuando aún no existían regulaciones ni multitudes, solo playas intactas y un mar que parecía inventado para ellos. Willy no aprendió a navegar: nació sabiendo. A los cuatro años ya maniobraba lanchas en los canales de Palmira, sin siquiera alcanzar a ver por encima del timón.

Su infancia transcurrió entre canales y bahías, buceando loberas antes de que existiera una sola regulación, memorizando cada roca y cada playa de un Golfo de California que todavía nadie más pisaba. A los once años capturó su primer marlín junto a su padre en Cabo San Lucas. Un año después, su padre partió a trabajar en Seattle y Willy se quedó sin su maestro más importante, pero no sin la sed que ese maestro le había sembrado. A los catorce años, terco y decidido, se presentó solo a un torneo de pesca en La Paz, buscando quién lo llevara. Fue Don Humberto Cano, bicampeón del torneo, quien le abrió un lugar en su lancha. Esa tarde en altamar fue el principio de todo.

Con sus primos, reconstruyó un casco abandonado, ensamblaron un motor pieza por pieza y salieron al mar cooperándose entre todos para comprar la gasolina. La lancha fallaba, los motores se rompían, las salidas se convertían en aventuras de supervivencia antes que en paseos, y ahí, resolviendo problemas en altamar mientras aún era apenas un adolescente, Willy encontró su verdadera naturaleza: la de un hombre que no se congela ante la adversidad, que enfrenta cada crisis con la cabeza fría y las manos rápidas. Esa misma mente que lo llevó a estudiar ingeniería industrial es la que hoy, en altamar, diagnostica un motor o resuelve una emergencia con la misma precisión con la que resolvería cualquier problema en un plano técnico. La serenidad bajo presión es hoy su sello como capitán.

A los veinticuatro años decidió dedicarse de lleno a la pesca deportiva y se fue a trabajar como marinero a San José del Cabo, la escuela más exigente de Baja California Sur. Ahí aprendió a moverse sin pausas, a atar nudos a la velocidad del instinto, a adaptarse a cualquier especie que el mar le presentara sin previo aviso. Ahí capturó su primer marlín de 600 libras, un atún de 180 y un rayado de 200. Ahí entendió que la pesca, cuando se convierte en oficio, exige la disciplina de un profesional y el corazón de quien nunca deja de amar lo que hace.

En 2020 conoció a Cano en altamar, frente a los Barriles. Vio su terquedad, su forma de no rendirse jamás, y reconoció en él a alguien tan obsesionado con el mar como él mismo. Lo que comenzó como cliente se transformó, salida tras salida, en una verdadera escuela: máster class de dorado en Ensenada de Muertos, años de aprendizaje compartido, hasta que en 2025 Cano le pidió que subiera de cliente a capitán. Hoy Willy es el segundo al mando de la operación, la persona en quien Cano deposita su confianza absoluta y quien representa sus valores cada vez que zarpa: cuando Willy sale a pescar, no hay hora de regreso fija, solo el hielo y la gasolina marcan el límite, porque para él, como para Cano, la pasión no tiene techo.

Willy ha sido testigo de la transformación de este golfo, de la pesca comercial al turismo responsable y consciente, y cree firmemente en compartir lo que sabe: para él, quien se considera el mejor ya dejó de aprender. Cada salida con Willy es una lección de humildad, de destreza y de un amor por el mar que se lleva, literalmente, en la sangre familiar. Navegar con él es navegar con alguien que nació en el agua y que nunca, ni por un instante, ha querido salir de ella.

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